27.1.12

.Son las siete y no puedo dormir.
En las madrugadas de lluvia con fuertes goterones y viento contra la ventana no së quë me pasa. Es como la luna llena o el viento sur. Por alguna razön me desvelo de inmediato, me altero, y paso horas y horas en la cama a la espera del sueño que, en realidad, nunca llega. Lo de fuera me suena apocalïptico. El fin del mundo estä llegando. Las calles se inundan, las olas arrasan la costa y el frïo congela las paredes de mi habitaciön. Todo estä en un inquietante silencio. Un silencio que parece que pesa, que oprime. Solo resisten mis säbanas, a la espera de algün sonido familiar. Los torpes pasos de Romeo, un microondas indiscreto, las zapatillas de mi padre, un despertador demasiado temprano, cinco minutos mäs de ronquidos... O quizä alguna gaviota que no sabe lo que quiere y grazna indicändote que ya es demasiado tarde, que ni Apocalipsis ni nada, que ya sale el sol. El dïa va apareciendo con luces blanquecinas y tü te tienes que despertar de una vez por todas y salir del embrujo.
Buenos dïas a todos. .